Carta para una madre que vive en Ciudad Cielo:
Me escapé un momentico de la cocina, calor, olor, especias, sazón.
Esta listo casi todo, son las 12.23 p.m. y ha llegado la hora de
recordarte.
El día esta medio gris, creo que va a llover y un pájaro me dice
que has bajado a ver.
Sentada en este mismo teclado que ha escrito a veces tanta mierda,
sabes como soy yo, te escribo, Tuma para destapar la represa de mares picados y
que sabías apaciguar bien. Desde donde sé que estás en el infinito, azul,
cielo, lee esto que es para ti, en el día de la madre y en tu cumpleaños.
Recientemente soñé contigo, estabas protegiéndome de algún mal que
apareció en forma de sueño surrealista. Mis dones viste, sabiduría siembro, eso
trato y cuando puedes me lo recuerdas.
Manto inmenso de cosas inexplicables, tu.
Morfeo me lleva, tú me hablas y los ángeles me guían una vez más. Sé
que en mi soliloquio me envuelvo y en ocasiones me atemorizo, soy una niña, lo
admito me falta mucho por crecer pero me fascina encontrarme en los caminos de
este planeta repleto de cosas por hacer, creo no me dará tiempo Tuma, pero hago
lo mas que puedo, lo que me gusta, quiero ser siempre feliz, soñar, reír,
crecer, ser yo.
En el sueño me hablaste es tan real ó surreal, vida, muerte, es lo que hay.
Cuando bajas a verme es porque te preocupa mi necedad, lo sé, no
creo en nadie, que carajo esta es mi realidad, y es también fuerte como el mar
y aunque hoy llore un ratico, minutos de conexión con la tristeza profunda que me urge y que me lava la cara con jazmín,
sándalo, lavanda, limpieza necesaria de mi alma, en estas fechas en las que no
estás.
Certeza ten, de que estoy haciendo lo mejor que puedo. Mis lágrimas
dulces serán alimento para los cangrejos de coral que están sedientos de otras
aguas.
Por cierto saludos de aire a mi abuelo, mil besos de brisa marina,
de pescados fritos, de sirenas y de paprika.
Dile que supervise mi preparación de hoy aprobando con su español
lleno de acentos del este, sentado de piernas cruzadas sobre la nevera,
probando algún trago de vodka pura, total el chef es él. Las recetas húngaras
son un gran regalo, imaginación, sabor, viajes astrales.
Sigo con que te he extrañado, si, en estos días encontré el libro
de Isabel Allende que te regalé en tu cumpleaños en el 2000,”El Plan Infinito”,
te lo leíste en una noche, recuerdo que competíamos para ver quien leía más
rápido. Tú eras la más rápida, todavía siento que compito cuando leo, quiero
superar ciertas metas. Sabiduría siembro.
Tuma, me despido, el pavo está listo, el soufflé también es hora
de comer.
Aunque ¿cómo me podría despedir de ti?
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